Esto significa que el cambio no afecta únicamente al formato visible de una factura. También afecta a cómo el software genera, conserva y relaciona los registros que hay detrás de ella.
Para entenderlo sin tecnicismos, piensa en una factura como un documento que tiene dos partes: lo que tú ves —el PDF o el papel— y un registro digital que explica quién la emite, quién la recibe, cuándo se ha emitido, qué servicio se ha prestado y cuáles son sus importes e impuestos.
En la modalidad VERI*FACTU, cuando el profesional emite la factura, el programa prepara ese registro y lo envía inmediatamente a la Agencia Tributaria. No se envía solo el QR: se remite la información necesaria para identificar la factura y comprobar que sus datos no han sido modificados.
El programa reúne los datos del emisor, del destinatario, la fecha, el número, los impuestos y el importe.
En modo VERI*FACTU, el registro se remite a la Agencia Tributaria justo después de generar la factura.
El sistema prepara una URL de la Sede electrónica de la AEAT que permite consultar y cotejar esa factura.
El QR es solo una forma cómoda de guardar esa dirección y abrirla con la cámara del móvil.
Al escanear el código, el teléfono abre la página de la Agencia Tributaria. Allí se puede comprobar si la factura está registrada y si sus datos coinciden con los que recibió oficialmente la AEAT. Si todo encaja, aparece el mensaje «Factura encontrada».
Dicho de forma sencilla: el QR no demuestra nada por sí solo. Es la puerta de entrada a la consulta de la AEAT, donde se comprueba la factura que el sistema ha registrado.
Para cualquier profesional autónomo —por ejemplo, en psicología, logopedia u otras actividades de servicios— la cuestión práctica es sencilla: el software que utilice deberá estar preparado para generar estos registros y trabajar conforme a los nuevos requisitos.
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